El otro día fui con un amigo a una jam sesión. Para quien no sepa, una jam es una reunión informal de músicos que improvisan y tocan juntos sin un repertorio preestablecido. Si nunca has ido, ya estás tardando.
Estas sesiones no son karaokes, por mucho que uno pueda encontrar similitudes. La gran diferencia es que aquí los cantantes saben cantar  y los músicos saben tocar. No suben al escenario únicamente por la diversión; suben al escenario por la pasión de hacer lo que les gusta y con la confianza de saber lo que hacen.
Al terminar, mientras esperábamos al uber, salieron dos cantantes que habían brillado en el escenario. Les felicitamos, y tras elogios y un poco de charla nos  preguntan  “¿sois músicos?” Yo, sin pensar, dije que no. Luego añadí, señalando a mi amigo: “Él sí”. Pero, como si le quemara la etiqueta, se apresuró a aclarar: “No, no, yo no soy músico. Toco la guitarra”.
¿Síndrome del impostor? ¿Modestia mal entendida? ¿O es que nos cuesta tanto habitar el verbo ser?
Mi amigo lleva años tocando la guitarra. No hablo de aprenderse “Wonderwall” para lucirse en una barbacoa, sino de improvisar con fluidez, de sacarte canciones de la nada. Si eso no es ser músico, ¿entonces qué lo es?
Cuando nos quedamos a solas, le pregunto sorprendida “¿por qué has dicho que no eres músico?” Y he aquí su respuesta, el quid de la cuestión: “Para mí eres músico si te dedicas a ello, si no, es un hobbie”.
Ahí está la clave. Para muchos, decir “soy músico” (o cualquier otra cosa) implica tener un contrato que lo respalde. El verbo ser parece reservado para roles con nómina. Hemos transformado el trabajo, de ser una herramienta de subsistencia, en la fuente primaria de nuestra identidad.
No somos solo nuestros trabajos, ni mucho menos. Decimos “soy médico” o “soy diseñador” con una seguridad casi burocrática, como si ese cargo nos definiera por completo. Es lógico, el trabajo consume gran parte de nuestras horas, y en una sociedad obsesionada con la productividad, el empleo parece ser la medida de todo.
Pero es agotador, y muy limitante definirse únicamente por lo que aparece en nuestro CV. No somos nuestros trabajos, ni nuestras facturas, ni el resumen que otros hacen de nosotros. Somos una maraña compleja de ambiciones, pasiones y contradicciones.
Mi amigo, a pesar de no monetizar su pasión, ES músico. En mayúsculas.
Por favor, no nos limitemos a ser solamente lo que hacemos para ganar dinero.
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